MOSAICO / Fragmentos e historias
Tierra, paja y agua
Medidas Variables
Museo de Arte Español Enrique Larreta
Ciudad de Buenos Aires, 2025
Curaduría Silvina Amighini


Azulejos: tierra, paja, agua, tiempo
La muestra que se presenta aquí tiende un puente entre la tradición de la azulejería y el presente de un quehacer que se materializa en la obra de Nicolás Rodríguez. Propone un viaje en el tiempo, que comienza con piezas del acervo del museo, realizadas en la época de la conquista y la colonización, cuando portugueses y españoles trajeron a América técnicas y diseños y, poco después, artífices indígenas, afro y mestizos los elaboraron a su modo. Una escala intermedia nos ubica a inicios del siglo XX, momento en el que Enrique Larreta hizo fabricar azulejos a semejanza de los antiguos para incorporar en los espacios de su casa. Es sobre este fondo histórico que se despliegan los paneles de Rodríguez, en un diálogo que reconoce y a la vez toma distancia de la herencia de la azulejería.
Su propuesta surge de una colaboración amorosa de materialidad, técnica y diseño. No reproduce viejos azulejos ni extrae de ellos algún diseño para insertarlo en una imagen propia. No juega con la representación, porque no busca aludir a azulejos ausentes. Nicolás produce objetos nuevos que son portadores de lo antiguo, que lo contienen y lo actualizan. O, más bien, de lo pretérito. Porque la materialidad con la que están hechas sus obras proviene del sustrato ancestral de nuestra naturaleza: es tierra, es paja, es agua.
En un proceso que involucra el tiempo – ese gran conformador de las cosas- y gracias a una técnica en la que se entrelazan los viejos saberes y la experimentación, el artista amasa el adobe con que realizará sus mosaicos.
Le da la consistencia adecuada y lo transforma en una superficie con el espesor necesario para cortar, de acuerdo a medidas calculadas, cada una de las piezas de estos grandes paneles. Partes humildes de un conjunto que las integra y les da sentido, no representan nada, son pura presencia de ellos mismos. Son lo que ha acontecido y lo que permanece.
Y esto sucede porque, si bien sus diseños se repiten, no son idénticos. Tomados de los motivos vegetales de la azulejería americana colonial, son resultado de una síntesis que retiene de ellos la línea esencial, esa que es posible trazar sobre el adobe fresco con un simple palillo. Este gesto, como la búsqueda de las tierras y la paciente tarea del amasado, remite al trabajo manual y al involucramiento corporal del artista en la hechura de estas obras, de acuerdo a un maridaje virtuoso: se piensa haciendo y se hace pensando. Así, lo manual no desmiente el planteo conceptual que sostiene las obras, sino que, al contrario, lo potencia.
Opacos y con una engañosa apariencia frágil, los azulejos de Nicolás Rodríguez invitan a ser observados sin apuro, pero también a imaginarlos bajo los pies o sobre la cabeza, como un envolvente recordatorio de las marcas que la historia ha dejado sobre nuestra tierra.
Marta Penhos







